¿Hablamos ciclo menstrual en familia?

¿Hablamos habitualmente de ciclo menstrual en familia y/o con las personas más pequeñas de la casa?

Así es, como ya habéis atisbado, NO es frecuente que madres y padres conversen con sus hijas sobre este tema y, cuando lo hacen, se convierte en algo incómodo, de lo que es mejor no hablar mucho… De esta forma, poco a poco, se transmite el mensaje de que es algo que debemos esconder e invisibilizar.
He de decir que tampoco es algo que se haga con frecuencia entre las personas adultas,… ¿porqué se iba a hacer entonces con las más jóvenes?
Aunque la sociedad está cambiando, lo cierto es que aún encontramos que son numerosas las actitudes patriarcales que refuerzan esos mitos –que ya se mencionaron en otro programa-, y que hacen que perdure el tabú de la menstruación.

Debemos partir de la idea de que es imposible no comunicar, es decir, todos nuestros actos, incluidos los silencios, son formas de comunicación. Así, evitar hablar de algo es también un acto de comunicación, que lanza un mensaje muy peligroso para la salud de las personas.

Durante la adolescencia, en muchos chicos, el hito que señala la transición a la etapa fértil de su ciclo vital es la primera eyaculación. Y en muchas chicas es la primera menstruación, llamada menarquia.
Esto es un indicador del comienzo de la pubertad, donde se transita hacia la etapa fértil de la vida adulta. Y, por lo tanto, NO es aquella señal que nos indica que ya se es mujer – como nos dicta uno de los mitos más frecuentes y de gran calado social, desgraciadamente aún presente en nuestro imaginario colectivo -.

Me gustaría que nos pusiéramos en la piel de esa chica que llega a esta etapa de la vida y que se encuentra con este tipo de mensajes por parte de su familia:
“Ten cuidado que ya eres mujer”
• “Ten cuidado con los chicos”
• “Tienes que estar limpia que la menstruación es sucia”
• “Ten cuidado que no se te note”
• Etc.

¿Cómo pensáis que se sentirá esta joven?
Lo primero que se me viene a la cabeza es que se sentirá estremecida, por no comprender bien lo que le está pasando y no recibir una información alentadora sobre este evento… Pero también sentirá vergüenza, culpa y con MUCHO MIEDO. Y es por el simple hecho de transitar por uno de los hitos más importantes de su vida: la transición de niña a joven fértil. De una etapa lineal a otra cíclica.

Quería aquí rescatar este hermoso pasaje de la novela de Jose Luís Sampedro, “La vieja Sirena”, que dice así: “Kilia sintió una humedad viscosa entre las piernas. Se levantó la falda, ya dentro de la casa, y vio un reguero rojizo en sus muslos. Sabía ya lo que era la sangre, sabía que con ella se perdía la vida, y el miedo la paralizó. Pero la Madre suspiró aliviada: llevaba ya la muchacha varios meses en su casa sin menstruación y esa primera vez disipaba sus inquietudes. La explicación tranquilizó a Kilia, pero dejándole una vivencia inolvidable, entre religiosa y maligna; un hecho más de los que mostraban el poderío de la vida sobre los cuerpos, de la luna sobre la sangre: la mujer también con pleamares.

Una primera idea clave para una comunicación saludable es la necesidad de acompañar este cambio con referentes válidos.
En fin, aun queda mucho por hacer en esto de la educación sexual, pero es fundamental que el entorno familiar sea consciente de su propia capacidad de transformación social. Por eso, aquí animo a madres y padres a hablar sin tapujos de sus propias vivencias y resignificar el ciclo menstrual ya que es un proceso necesario para nuestro cuerpo humano, tan natural como, por ejemplo, la digestión.

Pero… ¿Cuando es mejor comenzar a hablar de todo esto con nuestras hijas?
Lo ideal es hacerlo desde que nacen hasta antes de los 10 años de edad, ya que a partir de entonces puede resultar más difícil deconstruir muchos aprendizajes ya cargados de montones de estereotipos sexistas. Así, desde la más tierna infancia, las niñas y los niños pueden entender algunas ideas sobre el funcionamiento, o empezar a poner nombres, o comprender los ciclos de la naturaleza con una mirada limpia de prejuicios y sin sesgos heteropatriarcales… y aquí, va a ser crucial mostrar este proceso en casa como lo que es, algo sano y positivo de nuestras vidas.

Y… ¿cómo podemos hablar de ciclo menstrual con nuestras hijas e hijos?
Aquí veremos algunas claves que pueden ser útiles para comunicarnos mejor:

  • Lo primero de todo es que las madres mejoren la relación con el cuerpo que, si bien, es mejor que se haga cuanto antes, también es verdad que nunca es tarde para hacerlo.
    Esto constituye una herramienta muy poderosa no solo para el propio bienestar físico y psicológico de la madre, sino también para poder ofrecer una educación para la salud sexual y afectiva adecuada y coherente con nosotras mismas. El famoso dicho de “predicar con el ejemplo” aquí se hace necesario. – También es importante referirnos a este proceso de forma correcta y clara: ciclo Menstrual y ciclo ovulatorio. Así como resignificar la palabra menstruación: Sangre de vida que acertadamente redefine la psicóloga Anna Salvia Ribera.
  • Otra pieza básica es, ser coherentes con el lenguaje no verbal, es decir, comportarse sin ocultar la menstruación. Así, por ejemplo, cuando la mamá está menstruando, compartir este momento se convierte en una oportunidad de aprendizaje.
  • También, es una gran idea celebrar el hito de la primera menstruación con la familia y con las amistades. Un bello ritual para reconciliar a las personas con la ciclicidad y con este hecho biológico.
  • En definitiva, se trata de acompañar este cambio tan especial para gozar desde el principio del potencial de este precioso y único cuerpo que tenemos.
  • Por último, también existen algunos recursos interesantes que pueden ayudar a facilitar este aprendizaje en las niñas. Citaré aquí dos de los que más me gustan: el cuento didáctico “El tesoro de Lilith” de Carla Trepat y Anna Salvia Ribera, recomendado de 0 a 12 años y el documental Monthlies: La Luna en Ti para Adolescentes.

Para terminar, comentaré aquí algunos de los beneficios de esta comunicación saludable con nuestras hijas:

  • Ayuda a construir una relación sana con nuestro cuerpo desde muy temprana edad,
  • Mejora la comunicación afectiva en la familia,
  • Ayuda a gestionar la fertilidad de forma segura, responsable y consciente,
  • Contribuye a cuidar la salud del cuerpo y mente, logrando estar más conectadas con las necesidades,
  • Facilita sentirse orgullosa de menstruar sin que esto sea un impedimento en su vida,
  • Favorece entender una sexualidad no fragmentada, sino como parte de un todo hermoso.

Pero hay muchos más… y os animo a descubrirlos!!

Este post es la transcripción de la emisión del programa de Radio DosRombos, puedes escuchar el podcast del aquí.

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